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jueves, 11 de mayo de 2017

Dos Asambleas. Un Documento

El pasado día 5 de abril, en plena Semana de Pasión, celebramos la Asamblea correspondiente a ese mes. Según los previsto a principio de curso hubiera debido ser de tipo “experiencial”, es decir dedicada a conocer alguna experiencia pastoral que se esté realizando en alguna parroquia, centro pastoral o comunidad que consideráramos de interés, para conocerla en directo a través de personas que la van sacando adelante y reflexionar sobre ella. No lo hicimos, sin embargo, así. Como en la Asamblea de Febrero nuestra reflexión sobre las parroquias quedó solamente iniciada, decidimos continuarla, contando para ello con un texto que resumiera y articulara lo dicho entonces y que pudiera servirnos de punto de partida para elaborar y hacer público un Comunicado en el que era nuestra intención dar cuenta  del resultado de estos diálogos.

Llegada la fecha de la Asamblea seguimos este plan. Con el borrador del comunicado a que acabamos de referirnos en las manos y teniendo en cuenta el debate que en torno a mismo había tenido lugar en la comisión Permanente, fuimos tratando de responder a las siguientes preguntas:

1 A quién dirigimos nuestro documento.
2 Qué forma literaria le damos: Carta, artículo, manifiesto…
3 Qué análisis ofrecemos de la actual situación de las parroquias: de su vigente estatus canónico, válido para la Iglesia universal, y de la forma concreta como en los últimos años y desde la llegada de Osoro se está articulando su funcionamiento en nuestra diócesis.
4 Cuáles son nuestras propuestas, las que deseamos hacer públicas, ante tal estado de cosas.

Nos habíamos reunido en los nuevos locales de la Fundación Hogar del Empleado (Fuhem), en el Colegio Santa Cristina, en la Avenida de Portugal, nº 79. Comenzamos con unos minutos de oración que había preparado y dirigió Evaristo Villar. Acto seguido Jesús L. Sotillo presentación del Borrador del Documento, que llevaba el título provisional “De rebaño a pueblo. Carta a los católicos que celebran, viven y anuncian su fe en Madrid”.  Tras lo cual se abrió el diálogo sobre las cuestiones antes reseñadas. Fue un diálogo intenso, clarificador y constructivo. Fruto del mismo fue una serie de modificaciones que había que incluir en el texto. Hecho lo cual, a través del correo electrónico, el texto enmendado fue remido a los miembros activos del Foro, para un último repaso. Se introdujeron algunas breves modificaciones y lo dimos por acabado. En este versión final cambió de título  De “Rebaño” A “pueblo”. Reflexiones del Foro “Curas de Madrid” sobre las parroquias. Lo hemos enviado a los Medios de comunicación, a todos los miembros inscritos en el Foro y ahora, en entrada adjunta, lo incorporamos a este Blog.



DE “REBAÑO” A “PUEBLO”

DE “REBAÑO” A “PUEBLO”
Reflexiones del Foro “Curas de Madrid” sobre las parroquias



Próximo a cumplir los diez años de historia, el Foro “Curas de Madrid”, que echó a andar en noviembre de 2007, una vez más, siguiendo lo que en todo este tiempo ha sido práctica habitual suya, une a sus actividades la de hacer público un documento. Con muchos años de historia personal y pastoral a nuestras espaldas, los curas de este Foro hemos creído conveniente dar a conocer el fruto de la reflexión que últimamente hemos llevado a cabo sobre el momento por el que atraviesan hoy en día las parroquias, como institución eclesial y como realidad concreta de nuestra diócesis.




 El Código de Derecho Canónico de 1983, articulando las enseñanzas eclesiológicas que contienen los documentos del concilio Vaticano II, especialmente la constitución Lumen Gentium, sobre la Iglesia, y el decreto Christus Dominus, sobre los obispos, modifica lo que sobre ellas decía el Código de 1917. En lugar de definirlas como las diferentes partes en las que el obispo divide el territorio que abarca su diócesis (1), afirma de cada parroquia, sea del tipo que sea, que es “una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular”(2). Pero añade enseguida precisiones que hacen de ella una entidad en la que a sus miembros, ni como individuos ni como grupo, se les reconoce ni se pide que se les respete el derecho a organizar de modo autónomo su práctica de la fe, ya que su “cura pastoral”, “bajo la autoridad del obispo”, queda encomendada  a un sacerdote al que se da el título de “párroco”,  que ha de ser tenido como su pastor propio”.  (Seguir leyendo)